Fue una tarde triste en San José. La estación seca se adivina con sus vientos frescos y persistentes, sin embargo todavía llueve.
Llueve en la ciudad y llueve en mi memoria. Desde ese espacio húmedo, evoco un poema escrito durante el tiempo en que viví en Cuba. Precisamente lo escribí en Santa Clara, abrazada por el incendio de un atardecer en La Marquesina, lo comparto con ustedes.
“Aún de soledad y amor herido”.
(Título prestado por San Juan de la Cruz)
Más allá del odio hay un hueco,
un áspero sueño
en que la noche se crea a sí misma.
La fuga se hace filo de cuchilla,
azul misterio de un ojo
que se arrima al olvido.
El árbol se avejenta
y extravía la savia,
adolece de sombra, en el sitio del odio.
Caigo hacia la lenta soledad de un signo.
Fatídico salto desde el alma hasta el pubis
desde la transparencia a la huella del frío.
La isla recibe el estupor de la tarde
desgarrada en origen.
La isla incluye los piratas
y la noche del danzón.
Emprendo el camino sobre el puente,
sobre la boca del río
que estremece la costa
con severo oleaje.
Piedra sobre piedra,
cuerpo sobre cuerpo,
diestra en el oficio de la verdad.
Elsa Noemi Am.
sábado, 1 de noviembre de 2008
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