domingo, 24 de enero de 2010

El sueño de Alaska


El campanero tira de la cuerda,
sacude el badajo con poderoso brío.
El insólito poder que lo demanda
turbia sus pupilas de águila
en voraz movimiento hacia lo alto.
El campanero urde el espanto en silencio
construye febrilmente su torre paranoica
Sueña con un mundo de autómatas silentes
de maquinarias ciegas
de grisados cielos en que el destello del fuego
sea el crepitar de solitaria estrella.
Desde abajo, las innumerables filas humanas
encienden la lámpara,
se transforman en faros
para combatir el hambre.
Una niña recoge su muñeco
y lo mece con el canto de la sangre
con el rumor del vino
bendecido en la tinaja de Dios.
El campanero se derrite,
los instrumentos afilados se desprenden
en caída libre
desde el hielo mancillado
por el sucio metal.

Elsa Noemi Am. San José 24 de enero del 2010
La imagen corresponde a la obra Maquinaria de vuelo, cortesía de Ebenezer Leyva Gonzalez

miércoles, 20 de enero de 2010

Zapote

Caminando por el redondel de Zapote o el círculo de tauromaquia, o el mercado del domingo donde los frutos estallan bajo el calor del trópico, iba mascullando un poema.
Sintiendo el vestigio del fuego que domina las manos y los ojos.
Iba caminando en ésta América centrada en sí misma, omnubilada en el ocio constante de la desconfianza. El viento de la tarde repartía toques errantes sobre el hombro del cuervo, de aquel que revuelve la desvencijada basura en los umbrales. Sin embargo desde la montaña, el sol deslizaba su encendida mano de cobre para tocarnos el pelo y el alma con su belleza infinita.
Sol bajando la montaña, humo azufrado del coloso en Turrialba desmorona de su fauce recién nacida, terremoto, Caribe Haití, niño desnudo por el sacudón, en medio de la noche, en medio de un infierno repetido en la falta de pan. Terremoto elaborado en Alaska, en antenas que ocultan la maldad de la especie? Vuelta a casa con los brazos cansados, turbia y breve, doblo la esquina y me siento en la huella cansada de Dios.

San José enero 2010
Elsa Noemi Am