
El campanero tira de la cuerda,
sacude el badajo con poderoso brío.
El insólito poder que lo demanda
turbia sus pupilas de águila
en voraz movimiento hacia lo alto.
El campanero urde el espanto en silencio
construye febrilmente su torre paranoica
Sueña con un mundo de autómatas silentes
de maquinarias ciegas
de grisados cielos en que el destello del fuego
sea el crepitar de solitaria estrella.
Desde abajo, las innumerables filas humanas
El insólito poder que lo demanda
turbia sus pupilas de águila
en voraz movimiento hacia lo alto.
El campanero urde el espanto en silencio
construye febrilmente su torre paranoica
Sueña con un mundo de autómatas silentes
de maquinarias ciegas
de grisados cielos en que el destello del fuego
sea el crepitar de solitaria estrella.
Desde abajo, las innumerables filas humanas
encienden la lámpara,
se transforman en faros
se transforman en faros
para combatir el hambre.
Una niña recoge su muñeco
y lo mece con el canto de la sangre
con el rumor del vino
bendecido en la tinaja de Dios.
El campanero se derrite,
los instrumentos afilados se desprenden
en caída libre
desde el hielo mancillado
por el sucio metal.
Elsa Noemi Am. San José 24 de enero del 2010
Una niña recoge su muñeco
y lo mece con el canto de la sangre
con el rumor del vino
bendecido en la tinaja de Dios.
El campanero se derrite,
los instrumentos afilados se desprenden
en caída libre
desde el hielo mancillado
por el sucio metal.
Elsa Noemi Am. San José 24 de enero del 2010
La imagen corresponde a la obra Maquinaria de vuelo, cortesía de Ebenezer Leyva Gonzalez

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