domingo, 17 de mayo de 2015
domingo, 24 de enero de 2010
El sueño de Alaska

El campanero tira de la cuerda,
sacude el badajo con poderoso brío.
El insólito poder que lo demanda
turbia sus pupilas de águila
en voraz movimiento hacia lo alto.
El campanero urde el espanto en silencio
construye febrilmente su torre paranoica
Sueña con un mundo de autómatas silentes
de maquinarias ciegas
de grisados cielos en que el destello del fuego
sea el crepitar de solitaria estrella.
Desde abajo, las innumerables filas humanas
El insólito poder que lo demanda
turbia sus pupilas de águila
en voraz movimiento hacia lo alto.
El campanero urde el espanto en silencio
construye febrilmente su torre paranoica
Sueña con un mundo de autómatas silentes
de maquinarias ciegas
de grisados cielos en que el destello del fuego
sea el crepitar de solitaria estrella.
Desde abajo, las innumerables filas humanas
encienden la lámpara,
se transforman en faros
se transforman en faros
para combatir el hambre.
Una niña recoge su muñeco
y lo mece con el canto de la sangre
con el rumor del vino
bendecido en la tinaja de Dios.
El campanero se derrite,
los instrumentos afilados se desprenden
en caída libre
desde el hielo mancillado
por el sucio metal.
Elsa Noemi Am. San José 24 de enero del 2010
Una niña recoge su muñeco
y lo mece con el canto de la sangre
con el rumor del vino
bendecido en la tinaja de Dios.
El campanero se derrite,
los instrumentos afilados se desprenden
en caída libre
desde el hielo mancillado
por el sucio metal.
Elsa Noemi Am. San José 24 de enero del 2010
La imagen corresponde a la obra Maquinaria de vuelo, cortesía de Ebenezer Leyva Gonzalez
miércoles, 20 de enero de 2010
Zapote
Caminando por el redondel de Zapote o el círculo de tauromaquia, o el mercado del domingo donde los frutos estallan bajo el calor del trópico, iba mascullando un poema.
Sintiendo el vestigio del fuego que domina las manos y los ojos.
Iba caminando en ésta América centrada en sí misma, omnubilada en el ocio constante de la desconfianza. El viento de la tarde repartía toques errantes sobre el hombro del cuervo, de aquel que revuelve la desvencijada basura en los umbrales. Sin embargo desde la montaña, el sol deslizaba su encendida mano de cobre para tocarnos el pelo y el alma con su belleza infinita.
Sol bajando la montaña, humo azufrado del coloso en Turrialba desmorona de su fauce recién nacida, terremoto, Caribe Haití, niño desnudo por el sacudón, en medio de la noche, en medio de un infierno repetido en la falta de pan. Terremoto elaborado en Alaska, en antenas que ocultan la maldad de la especie? Vuelta a casa con los brazos cansados, turbia y breve, doblo la esquina y me siento en la huella cansada de Dios.
San José enero 2010
Elsa Noemi Am
Sintiendo el vestigio del fuego que domina las manos y los ojos.
Iba caminando en ésta América centrada en sí misma, omnubilada en el ocio constante de la desconfianza. El viento de la tarde repartía toques errantes sobre el hombro del cuervo, de aquel que revuelve la desvencijada basura en los umbrales. Sin embargo desde la montaña, el sol deslizaba su encendida mano de cobre para tocarnos el pelo y el alma con su belleza infinita.
Sol bajando la montaña, humo azufrado del coloso en Turrialba desmorona de su fauce recién nacida, terremoto, Caribe Haití, niño desnudo por el sacudón, en medio de la noche, en medio de un infierno repetido en la falta de pan. Terremoto elaborado en Alaska, en antenas que ocultan la maldad de la especie? Vuelta a casa con los brazos cansados, turbia y breve, doblo la esquina y me siento en la huella cansada de Dios.
San José enero 2010
Elsa Noemi Am
martes, 3 de noviembre de 2009
El nautilus de "La Sagrada Familia"
Desciendo la escalera-nautilus,
la escalera de La Sagrada Familia,
la escalera de Gaudí, situada en un solar de Barcelona.
En Barcelona un ojo mira del revés, un ojo sugiere la sospecha de una visión sin límite, sin fondo.
Sueño de Gaudí en árbol de piedra, en fantásticos juegos cristalinos que proponen la vitalización de la materia.
Gaudí se distrae,
se regodea en la visión del desafío,
de su extraordinario faro catalán que mira el mar, ese mar de aguas amargas que merodea la costa
al acecho de barcos y personas,
al acecho de las ánimas que peregrinan
desde el templo al mar, evitando el extravío.
El sonido del tren no despierta al profeta
obsesionado por su juejo de espejos
y se lo lleva,
se lo lleva remontado en un vuelo de aserrín
hacia la cresta de las grandes olas,
que dibujan su nombre
Elsa Noemi Am noviembre 2009
lunes, 8 de diciembre de 2008
Maquinaria de fuga
Como Icaro quién anhelaba volar con sus alas de cera, Ebenezer Leyva Gonzalez construye sigilosamente fabulosas maquinarias dispuestas a crear un territorio de fuga.
Esta instalación fue la puerta de entrada a su muestra : El viaje de Icaro.
El espacio pictórico, materializado en telas que develan curiosos ingenios, siempre dispuestos a levantar vuelo o a caer, nos interroga acerca de la efectividad de la fuga, o de lo inevitable de la caída.
Más allá del concepto, de la búsqueda conciente, el mito de la caída se hizo presente en este cuidado trabajo, discreto en color, tan discreto como las conspiraciones.
Ebenezer Leyva González. Artista plástico nacido en Santa Clara, Cuba en 1971. Actualmente reside en Costa Rica. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en Cuba, Argentina , España, Brasil, Costa Rica y Miami.
Actualmente prepara una muestra para el mes de junio del 2009 en el Centro Cultural de España. San José, Costa Rica.
sábado, 1 de noviembre de 2008
En el principio era el Verbo
Fue una tarde triste en San José. La estación seca se adivina con sus vientos frescos y persistentes, sin embargo todavía llueve.
Llueve en la ciudad y llueve en mi memoria. Desde ese espacio húmedo, evoco un poema escrito durante el tiempo en que viví en Cuba. Precisamente lo escribí en Santa Clara, abrazada por el incendio de un atardecer en La Marquesina, lo comparto con ustedes.
“Aún de soledad y amor herido”.
(Título prestado por San Juan de la Cruz)
Más allá del odio hay un hueco,
un áspero sueño
en que la noche se crea a sí misma.
La fuga se hace filo de cuchilla,
azul misterio de un ojo
que se arrima al olvido.
El árbol se avejenta
y extravía la savia,
adolece de sombra, en el sitio del odio.
Caigo hacia la lenta soledad de un signo.
Fatídico salto desde el alma hasta el pubis
desde la transparencia a la huella del frío.
La isla recibe el estupor de la tarde
desgarrada en origen.
La isla incluye los piratas
y la noche del danzón.
Emprendo el camino sobre el puente,
sobre la boca del río
que estremece la costa
con severo oleaje.
Piedra sobre piedra,
cuerpo sobre cuerpo,
diestra en el oficio de la verdad.
Elsa Noemi Am.
Llueve en la ciudad y llueve en mi memoria. Desde ese espacio húmedo, evoco un poema escrito durante el tiempo en que viví en Cuba. Precisamente lo escribí en Santa Clara, abrazada por el incendio de un atardecer en La Marquesina, lo comparto con ustedes.
“Aún de soledad y amor herido”.
(Título prestado por San Juan de la Cruz)
Más allá del odio hay un hueco,
un áspero sueño
en que la noche se crea a sí misma.
La fuga se hace filo de cuchilla,
azul misterio de un ojo
que se arrima al olvido.
El árbol se avejenta
y extravía la savia,
adolece de sombra, en el sitio del odio.
Caigo hacia la lenta soledad de un signo.
Fatídico salto desde el alma hasta el pubis
desde la transparencia a la huella del frío.
La isla recibe el estupor de la tarde
desgarrada en origen.
La isla incluye los piratas
y la noche del danzón.
Emprendo el camino sobre el puente,
sobre la boca del río
que estremece la costa
con severo oleaje.
Piedra sobre piedra,
cuerpo sobre cuerpo,
diestra en el oficio de la verdad.
Elsa Noemi Am.
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